Hace poco, cuando una compañera aleatoria de la secundaria, y la prepa, me agregó a Facebook (conversación: “Hola, cuánto tiempo!”, ella: — ), volví a tener esa sensación: la del temor ante el tiempo que ha pasado. Que uno tenga 25 y sienta signos de vejez es, asumo, idiota. Pero pasa. Que a veces te de güeva buscar nueva música porque ya tienes tus gustitos afianzados; o que sientas el, sí, presente y real salto generacional. Qué extraño y qué gracioso, pero también qué –levemente– triste. Para compensar, me apego a mi ideal del viejo sabio y afianzado, que mira feliz en retrospectiva. A final de cuentas, me emociona más la vejez experta, con mapas orgullosos bajo el brazo, que la juventud ansiosa de conocer lo que desde el retrovisor aparece trivial, hasta dañino.
No es que esté en contra de ese impulso juvenil. De hecho, me encanta. Pero para mí es un medio. No podría ser un niño eterno.
Y desde hace unos días, quizá una semana, voy sintiendo una sensación algo rara. La sensación de que algo va acabando en mi vida, no sólo pronto la maestría, no el tener ya 25; una sensación de que es hora de buscar y encontrar nuevos intereses o nuevas emociones, nuevas ocupaciones. Creo que podría recordar –y seguro que leyendo mi blog, mejor– varios meses en que algo me obsesionaba, en que fijaba mi atención en algo; súbitamente, poco después, lo estaba explorando. Así ahora. Hay que buscar nuevos horizontes. (Algo que suena tan grandilocuente en realidad es bastante íntimo: horizontes psicológicos, de exploración de sí mismo y su relación con el mundo.) Nuevos horizontes y nuevas maneras de interactuar con el mundo y las personas; nuevas personas también; no lo sé. Ello mismo se va desarrollando poco a poco.
No me considero alguien inestable, porque puedo trabajar en un asunto dado durante mucho tiempo; sí creo que siempre me gustar estar a la caza de un cierto objetivo muy personal, en épocas relativamente bien claras. No puedo comprender esas mentalidades que no soportan períodos fijos y largos, que sufren una ansiedad extraña por siempre ser diferentes, por siempre encontrarse diferentes; tampoco soporto aquéllas que no pueden dar un paso en la oscuridad o arriesgar lo más mínimo. Como en tantas cosas, voy por el justo medio. Hay que aprender a establecerse –pero una vez que se ha vivido de camino.
Esto no es una tarea trivial. Sabemos gracias al trabajo en neurociencias que:
… a more conservative orientation is related to greater persistence in a habitual response pattern, despite signals that this response pattern should change.
Es decir, la personalidad conservadora tiende a responder de una manera fija, aunque se enfrente con señales que le indiquen lo contrario. Mientras tanto:
Liberals, by contrast, report higher tolerance of ambiguity and complexity, and greater openness to new experiences on psychological measures.
Pero, al mismo tiempo, sabemos también que la mentalidad conservadora tiende a brindar más felicidad que la mentalidad liberal. Esto es un hecho ciertamente extraño y fascinante. La hipótesis de Napier y Jost (en el artículo referido), jalando de la muy interesante teoría de system justification (o justificación del sistema) y con un buen soporte empírico, es que los conservadores en política tienden a justificar el status quo –lo cual a su vez les provoca satisfacción personal– y que, gracias a que logran justificar las injusticias sociales, pues tienen algo menos de lo que preocuparse. A diferencia de la banda izquierdosa, quien no puede dejar de sentirse incómoda con la inequidad, la banda derechosa la ve como un producto justo, derivado de un sistema que es básicamente el correcto (¿no explica esto buena parte de la vida política de México? Por algo últimamente soy fan de Jost y colegas). Leemos:
… our research suggests that inequality takes a greater psychological toll on liberals than on conservatives, apparently
because liberals lack ideological rationalizations that would help them frame inequality in a positive (or at least neutral) light. This
could explain, in part, why conservative governments tend to increase inequality more than liberal governments.
De hecho, el asunto se extiende más allá de la política y la economía:
There is no reason to think that the effects we have identified here are unique to economic forms of inequality. Research suggests that highly egalitarian women are less happy in their marriages compared with their more traditional counterparts (Wilcox & Nock, 2006), apparently because they are more troubled by disparities in domestic labor (Coltrane, 2000).
En resumen: quedarnos con la manera en que son las cosas bien puede hacernos felices subjetivamente hablando; aún cuando esa misma manera en que son las cosas nos indique que debemos cambiar nuestra manera de enfrentarnos a ellas, o cuando su manera de ser de hecho sea dañina (para mí o para los demás). Esto, creo, da una buena razón no sólo para no ser conservador en política, sino también para no ser conservador acerca de la vida misma. Hay que aprender a ajustarse a los cambios y no racionalizar nuestras fallas, o las de nuestro grupo, o las del sistema en que vivimos. La inferencia al justo medio, al menos la que yo hago, viene al notar que debemos siempre dejar algo fijo para modificar lo que se tenga que modificar, que por más que vayamos en el barco de Teseo (y de Neurath), cambiando placa por placa en medio del mar, no podemos sustituirlas todas al mismo tiempo. Y quizá, de hecho, haya placas que no tengamos que sustituir. Debemos ser flexibles pero resistentes, fundacionistas falibilistas, nómadas y agricultores. Placas movedizas, y con buena disposición.
Los signos de los tiempos, los tiempos psicológicos; el tiempo humano e inconsistente. Ese que nuestro inconsciente, o lo que más se acerque de ello y sea real, diseña, juega, y nos tiende al frente. Los signos que, queramos o no, tenemos que leer. Para nosotros mismos, para no negarnos. Soundtrack: Guitar, House full of time.
“a more conservative orientation is related to greater persistence in a habitual response pattern, despite signals that this response pattern should change” Es chistoso por que los patrones salen de la experiencia y de la naturaleza misma, cuando estos cambian nosotros solitos los cambiamos, cuando? al primer signo de desesperacion. Quizas los conservadores no se desesperen o manden a la gaver a la naturaleza por cambiar sus patrones y viven fallando felices para siempre, jeje.
“Liberals, by contrast, report higher tolerance of ambiguity and complexity, and greater openness to new experiences on psychological measures” Y aqui, cual AA, aceptar la complejidad de la realidad es el primer paso. Aceptar que aunque arrojes la basura al cesto, esta pueda no caer dentro o rebote y se salga o explote y destruya parte del continente americano, jaja… chale conmigo.
“liberals lack ideological rationalizations that would help them frame inequality in a positive [...] light” A ver, todos somos diferentes por naturaleza sin embargo para el estado todos somos iguales. Asi que si existe desigualdad ante el estado, sin importar la racionalizacion ideologica, es algo que se tiene que cambiar, no importa si son subproductos del sistema, aun mas, si asi fuere, el sistema tiene que cambiarse, es la obligacion del estado a fin de garantizar la igualdad que se supone es su obligacion. Por lo que para mi, esa racionalizacion ideologica que les falta a los liberales es simplemente egoismo y hueva de lidiar con la complejidad de cambiar el sistema. (Muchos dirian que hay intereses de gente poderosa, mi pregunta, mas poderosa que todos los gobiernos juntos? En fin…)
De acuerdo con todo excepto el ultimo parrafo. Es la racionalizacion de los conservadores lo que muchas veces frena la accion del estado. Cuando alguien, ante la desigualdad, en vez de decir: “¡Debemos mejorar las circunstancias!”, racionaliza: “la desigualdad está justificada porque…”, ¿quién crees que es egoísta y tiene hueva de cambiar el sistema?
Bueno, en realidad a lo que me refiero es a que la mentada racionalizacion ideologica que les hace falta a los liberales y que usan los conservadores es precisamente el egoismo y la hueva/miedo de cambiar.
Sin embargo, un punto a favor, es que si vamos a cambiar el sistema (que a mi parecer seria mejor solucion que parchar el existente) tendria que ser algo muy bien pensado, orquestado por el gobierno con el soporte total de los pueblos (totalmente ajeno a las MNCs). No lo se, no es algo facil.
simon, yo por eso creo que los cambios sociales realmente bien hechos y con futuro llevan tiempo y planeación.
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