Un enorme pero emocionante post sobre mis dudas acerca de los sueños lúcidos. Digo.

Ayer intenté de nuevo tener un sueño lúcido. Es jodidamente difícil. Una vez que uno ha logrado pasar las varias (y no precisamente delineadas) fases hasta lograr sentir que el cuerpo duerme aunque la mente está despierta, todavía queda la tarea de lograr soñar sin perder la conciencia. Pero la idea es realmente soñar, no sólo imaginar, y lograr soñar y al mismo tiempo estar conciente me parece cada vez bordear con la contradicción (a pesar de los miles de reportes de sueños lúcidos; y de la evidencia de sueño REM donde los sujetos pueden mover sus ojos a voluntad, indicando que sueñan y aún así mantienen su voluntad). Para ver por qué me parece contradictorio tenemos que revisar algunas cosas.
Primero, voy a entender “voluntad” como esa extraña sensación de estar conciente y poder tomar decisiones basadas en memorias y procesamiento consciente de información, información que es recibida de manera pasiva. Esto, claro, no es una definición seria, porque presupone que tenemos un entendimiento de qué es “estar conciente”, pero esa es una cuestión muy controversial y por el momento no voy a meterme en ese debate. Me parece claro que sabemos lo que es tener voluntad en este sentido; podemos contrastarlo con los momentos en que estamos soñando, que no sentimos este poder de decidir, o cuando estamos muy drogados (con alcohol u otra droga) y nuestras decisiones nos aparecen después como hechas sobre bases muy pobres. Ahora bien, todo esto está lleno de problemas y detalles muy sutiles por todos lados, pero por el momento me interesa más la descripción desde un punto de vista “intuitivo” que teórico.
Segundo, podemos distinguir el sueño de la imaginación porque el sueño es un proceso pasivo en el sentido en que uno es un “protagonista” de su sueños, uno “vive” sus sueños, los sueños se desarrollan como escenas independientes de nuestra voluntad. En cambio, las escenas imaginadas son activas: sabemos instintivamente qué hacer si queremos imaginar una playa en lugar de una montaña nevada. La imaginación se siente artificial justamente por eso: porque podemos cambiarla a voluntad, sin ningún esfuerzo (voy a limitarme a “imaginación” en este sentido; reconozco que hay un sentido de imaginación “pasiva”, como cuando imaginamos ver un fantasma: de ninguna manera sentimos haber creado ese fantasma a voluntad; lo creó nuestra mente, sí, pero justamente nos espanta porque nos parecía una cosa externa. En el esquema que aquí intento dibujar, tales creaciones más bien son del tipo de los sueños, no de la imaginación activa de la que aquí hablo) . Los sueños, en cambio, no poseen esa artificialidad. De hecho, una teoría al parecer popular en las neurociencias es que los sueños son un tipo de alucinaciones: las zonas del cerebro que durante la vigilia son activadas al recibir señales desde los sentidos, en el sueño son activadas sin recibir tales señales (y suceden cosas parecidas con las señales cognitivas y emocionales). Eso, parece, forma la base sobre la cual se explica por qué los sueños nos parecen “independientes” de nuestra voluntad: porque, formalmente, simulan la independencia-de-nuestra-voluntad que tienen las señales perceptuales (y, en menor medida, las cognitivas (y en menor medida, las emocionales)) en la vigilia. No así la imaginación.
Ahora bien, toda la neurociencia y ciencia cognitiva detrás de todo esto, y los detalles que nos permite entender, son cosas complejas pero tremendamente apasionantes; pero apenas estoy empezando a tener un conocimiento amateurish del asunto y no puedo decir mucho más. Lo importante es fundamentar el dato intuitivo (de “sentido común”–que, idealmente, cualquiera que se sumerja en una de estas experiencias podrá corroborar) de que la manera en que tomamos a los sueños difiere de la manera en que tomamos a la imaginación.
(Nótese que eso no es completamente incontrovertible. En el primer capítulo de su importante libro A Virtue Epistemology (volumen 1), Ernesto Sosa da algunas razones para tomar a los sueños más bajo el modelo de la imaginación que de la alucinación. Como él reconoce, la historia de la filosofía y la ciencia contemporánea del sueño van más hacia la dirección de la alucinación; pero una de las ventajas del modelo de Sosa está en que nos permite bloquear el escepticismo cartesiano (“¿qué tal si todo esto es un sueño, y no la realidad?”) de manera relativamente simple. Pero aunque la postura de Sosa tenga ventajas epistemológicas, no es obvio que sea descriptivamente adecuado; y como parece chocar con las intuiciones comunes, voy a dejarlo de lado por el momento.)




del popular libro del gran DeGracia.


Bien, así que los sueños difieren de la imaginación en que solemos sentirlos de manera pasiva, mientras que a ella la creamos, desde un punto de vista activo. La dificultad del sueño lúcido que mencioné arriba y por la cual me parece algo casi contradictorio es porque, en cuanto uno intenta tener “voluntad” dentro de un sueño, es imposible (o al menos, hasta ahora así me ha parecido) estar “en medio”: no puedes tener voluntad si no estás recibiendo información de manera pasiva desde el mundo real, gracias a las modalidades perceptuales; si tienes voluntad sin esa recepción pasiva de información, estás imaginando–estás creando de manera activa. El suelo lúcido justamente requiere que uno reciba información pasivamente, pero que esa información no sea producto del mundo real, sino del sueño mismo; y que, al mismo tiempo, uno procese esa información y decida concientemente sobre esa base (y demás bases, como la memoria y biases de la personalidad y etc.) En mi experiencia, el problema con ello es: dado que para introducir la voluntad activa en un sueño es necesario darse cuenta que la información bajo la cual trabaja esa voluntad es producto del sueño mismo (ya se sabe: para tener un sueño lúcido tienes que darte cuenta de que estás soñando), me parece imposible no darme cuenta de que es un sueño sin que, debido a ese darme cuenta, comience a crear voluntariamente–es decir: una vez que me doy cuenta de que estoy soñando, comienzo a imaginar en lugar de soñar. Pero eso es chafa. Uno quería que la información fuera recibida, no creada: se supone que la experiencia del sueño lúcido es interesante porque te permite vivir una experiencia pasiva donde justamente la fuente de emisión no es el mundo, sino tu cabeza.
Algo muy relacionado con esto es el hecho de que en los sueños suelo “verme” (más bien, tener la cierta sensación), en un sentido, como desde la segunda persona. En los sueños uno se ve como se ve a un persona de una película; de ahí, supongo, el sentimiento de pasividad. En cuanto uno intenta tener la sensación de estar en primera persona, el sueño se acaba y uno comienza a imaginar. You can’t have it both ways.
Esto me llevó a considerar la opción de que los sueños lúcidos sean, de hecho, imposibles. Uno podría decir que tener voluntad en un sueño es imposible y explicar la aparente evidencia a favor de los sueños lúcidos de la siguiente manera: en realidad, un sueño lúcido es un ejercicio imaginativo (activo), no un sueño (pasivo); entonces explicar los casos que parecen contradecir esto apelando a sesgos cognitivos o algo así: la gente cree tener sueños lúcidos pero se auto-engaña porque blablablá-inserte-aquí-su-historia-explicativa-favorita. Es una postura coherente, por supuesto; y en todo caso explica de manera suficiente la evidencia puramente anecdotal (las historias contadas en los libros sobre proyección astral, por ejemplo) disponible. Pero–y éste es el único “pero” que encuentro con esta postura–no estoy seguro de que sea tan plausible a la luz de la evidencia no-anecdotal que parece fundamentar el interés de los neurocientíficos en los sueños. Es decir: no parece que esa evidencia sea consistente con la idea de que los “sueños lúcidos” no son sueños, sino imaginación (p.ej. LaBerge nos refiere a estudios en donde se reporta que “the physiological state preceding 14 spontaneous lucidity signals as unqualified REM in 12 (86%) of the cases”; aunque esta respuesta podría bloquearse quizá así: los sujetos en cuestión sí están dormidos, sólo que no sueñan, sino que imaginan–imaginan (activamente) dormidos).
Además, me parece completamente claro que podemos notar inmediatemente cuando imaginamos de manera activa o cuando recibimos información de manera pasiva. Simplemente se siente de manera diferente, y podemos diferenciar esos dos grandes modos inmediatemente. (Tomando en cuenta la diferencia que arriba hice entre imaginación activa, de la que aquí he hablado, versus casos en que, por ejemplo, “imaginamos” un fantasma que no creamos a voluntad: como dije, nos es inmediatemente claro que hay una diferencia entre el fantasma que no imaginamos a voluntad y cuando nos imaginamos qué pasará mañana, por ejemplo). Si esto es así, si esta postura está equivocada, los sueños lúcidos deben ser posibles. Pero ¿cómo? Sigo siendo algo incrédulo.

Otra idea muy interesante es que incluso si los sueños lúcidos resultaran ser imposibles, eso no cancelaría la existencia de algunos hechos de los que hablé en el post pasado (y que me parecen bastante claros; incluso reflejados en películas de sueños como mis super favoritas Inception, Eternal Sunshine of the Spotless Mind o La Science des rêves). Por ejemplo, me sigue pareciendo que entre más se aleja uno de la conciencia de la vigilia, la percepción del tiempo varía más: el tiempo transcurre más lentamente, de ahí que, mientras las horas de sueño promedio en una noche se reducen a dos, parezca que podemos hacer cosas para las que necesitamos más tiempo (aunque, eso para nada confirma lo que Nolan nos dice en Inception: que la cantidad de tiempo tiene una relación exponencial al nivel de sueño; me parece que esa es un hipótesis que introduce sólo para efectos de la película).

Por último, quizá el problema esté con la manera en que estoy intentando inducir lucidez, no con el concepto mismo de sueño lúcido. Una manera popular está en sugestionarse de tal forma que uno pueda irse a dormir, pasar por las diferentes etapas de sueño y, llegada la etapa en que uno tiene sueños, notar la extrañeza del ambiente y con ello adquirir lucidez. (Lo de la extrañeza del ambiente también es algo muy interesante: -la manera súbita en que cambian los lugares y el tiempo; y la característica muy curiosa de que podemos identificar a una figura muy mal delineada (sin rasgos bien trazados) como tal o cual persona que conocemos bien: incluso me ha pasado que digo cosas como “ah! él es A.” donde A. es una mujer! o viceversa. Puedo tomar a un caracter muy extraño–una señora gorda, digamos–y con él identificar a otra persona–a un amigo delgado, digamos. Es como si uno pudiera asociar ciertas sensaciones con cada persona, independientemente de su forma física, de tal manera que, cuando esas dos cosas se separan, en un sueño podemos identificar a un amigo delgado con una señora gorda, por ejemplo).
La manera en que yo he estado experimentado consiste más bien en inducir una especie de “trance” (whatever that means). Es muy simple: en lugar de dejarme en los brazos del sueño y el cansancio para empezar a dormir, me pongo unos audífonos con música relativamente fuerte (sueño escuchar música trance, en particular porque tiene un patrón muy repetitivo en las percusiones (púm tss, púm tsss, púm tss, púm tss) y porque los tonos más altos suelen configurarse de tal manera que dan la sensación de estar en progresión, de ir desarrollándose poco a poco desde un lugar a otro–de ahí, supongo, el nombre de “trance”) y me concentro en la música, tratando de no concentrarme en las demás sensaciones–kinestésicas, por ejemplo. (Cuando digo que me concentro en la música hablo estrictamente, me concentro en los patrones de la música y en cómo se desarrolla el track, no en qué tan alto está o de dónde viene–eso sería concentrarse en las sensaciones percibidas por el oído). Después de un rato de concentración, un de repente se da cuenta de que el cuerpo está como dormido: aunque, si lo deseo, puedo mover mis extremidades–lo sé porque muchas veces lo he comprobado–, ellas se sienten como si estuvieran “electrificadas” y con ello, de cierta manera, rígidas. Esto me indica que voy por buen camino porque se sabe que cuando dormimos los músculos se inmovilizan automáticamente: los únicos que quedan funcionando son los músculos que hacen funcionar al corazón y los que hacen funcionar a los pulmones. Esto no prohíbe que algunas veces, de repente nuestros músculos tengan ciertas reacciones, como pequeños movimientos espasmódicos; no conozco bien la base fisiológica de esto pero desde el punto de vista anecdotal, me parece plausible que tales movimientos espasmódicos suceden cuando estamos en una posición “incómoda” para nuestro cuerpo, de tal manera que son como una reacción para hacer cambiarnos de posición, a riesgo de sufrir un calambre, por ejemplo.
En fin, dado que la música ha capturado mi atención pero he dejado de actuar o pensar o decidir (o, como he venido diciendo, de procesar información) sobre la base de datos obtenidos por los sentidos, (supongo que) mi cuerpo “asume” que debo estar dormido ha comenzado el proceso que lo lleva a paralizarse. Así que mi cuerpo duerme pero sigo teniendo conciencia, mi mente sigue en vigilia. (Y, como saben quienes han experimentado esto, realmente uno nota qué tanto la mente puede sentirse separada del cuerpo, aunque también, en cualquier momento, podemos volver a sentir voluntariamente a través de los sentidos). La idea entonces es combinar ese estado de vigilia con los sueños. Así que comienzo a relajarme más y entonces siento a los sueños llegar. Esto es bastante literal: todos hemos notado, incluso sin hacer estos experimentos, que cuando tenemos mucho sueño y comenzamos a quedarnos dormidos, poco a poco vamos recibiendo pasivamente imágenes o pensando cosas que no están bajo nuestro control (o a veces hasta diciendo incoherencias). Los sueños van “invadiendo” poco a poco a la conciencia, así que primero vemos cómo ciertas imágenes sin mucho sentido van apareciendo en la cabeza, luego cómo dejamos de decidir para actuar como títeres (de nuestros sueños, jaja), y así. En esos momentos en cuando intento cobrar lucidez; como he dicho, no puedo hacerlo sin comenzar a imaginar y, con ello, dejar de soñar. En lugar de “sentir” que veo en mi sueño, comienzo o a crear esas imágenes a voluntad o a literalmente ver esa escena oscura que vemos cuando tenemos los párpados cerrados.
Elegí esta manera de intentar conservar la lucidez en el sueño por algunas experiencias pasadas. Recuerdo algunas veces en que estaba muy cansado pero escuchaba música en mis audífonos, y entonces, debido a algún sonido extraño o fuerte o de alguna manera especial (quizá una secuencia de sonidos suaves (de “pads”) después de una secuencia de progresiones muy ácidas), me sentía despertar aunque aún siguiera dormido: es decir, sentía a mi mente conciente, podía razonar y recordar y reflexionar sobre lo que pasaba en esos momentos a voluntad, escuchaba la música a través de mis oídos, pero sabía que mi cuerpo seguía dormido, porque no lo sentía. Sabía que en cualquier momento podía moverlo, porque varias veces moví un brazo y, con ello, comenzaba a despertarme; hasta que sabía que estaba completamente despierto aunque tenía los ojos cerrados. Otra razón es que también varias veces, mientras me quedaba dormido, sentía la sensación kinestésica de caer: como si fuera en una superficie plana que cae como en una cascada. Claro que esa sensación es una alucinación (kinestésica, pues), porque no es que esté cayendo: sigo en mi cama. Al buscar sobre esto, encontré que muchos consideran esa alucinación como un indicador de que uno está comenzando a dormir (o, como dicen algunos, que uno pronto puede “proyectarse” al “plano astral”). Lo chistoso es que podía inducir esa misma sensación escuchando música y concentrándome en sus patrones. Esto me llevó a pensar que de esa manera uno puede inducir un trance (que no es nada oscuro ni nada, sino simplemente una manera de “dormirse”–es decir, de hacer que el cerebro produzca las ondas que produce mientras dormimos–“a voluntad”, con cuidado, vigilando el proceso). A su vez, esto explica por qué tantas culturas (extendiéndose incluso a algunas tradiciones cristianas) toman tan en serio la relación entre música y religión: la música, especialmente la de patrones monótonos que lentamente van progresando, puede fácilmente inducir el trance (y mi teoría es que en estado de trance es más fácil confundir productos literalmente de la imaginación (creativa) por productos de factores externos (recibidos pasivamente)). También leyendo sobre eso, al parecer varios autores encuentran que uno puede inducir un sueño lúcido sin dormirse (de manera tradicional) sino mediante el trance. Así que dije, what the hell, let’s try.

Y en fin, por el momento eso es todo. No tengo mucho tiempo para leer sobre estos asuntos, pero me interesa bastante y creo que seguiré pensando en ello durante un rato y leyendo cuando pueda. Cambio y fuera.

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3 comentarios

Archivado bajo Cosa Chingona

3 Respuestas a “Un enorme pero emocionante post sobre mis dudas acerca de los sueños lúcidos. Digo.

  1. bort

    Wey! excelente trabajo, vieras que una de las cosas que hacian los gnosticos era levantarse como a las 5 am y escuchar musica de mediatacion (enya) y meditar (whatever it means) hasta lograr el desprendimiento astral. Nunca lo logre, aunque eso fue cuando tenia 12 años y estaba muy chavo.

    Concuerdo, los sueños lucidos son en parte imaginaciones, aunque un poco diferentes porque sigue habiendo cosas que no imaginas conscientemente, creo. Me refiero, seguido me pasa que sueño que estoy acostado en mi cama y veo el techo y cosas que veria desde la perspectiva como si estuviera acostado (y neto me da la impresion que estoy abriendo los ojos desde el sueño) pero no puedo moverme, sin embargo si puedo moverme imaginandolo. Una vez levantado no hay mucho que hacer porque en el sueño es de noche y aveces bajo por las escaleras dando brincos o flotando, realmente no recuerdo caminar (aunque es mas como cuando recorres mentalmente un camino), otras veces salto de la ventada a veces agarrandome de la cornisa (aunque no hay cornisa, otras veces creo solo salto al patio) y aunque en parte lo imagino activamente hay cosas que solo aparecen y de las que no tenia conocimiento (algo asi como cuando imaginas una recamara y al visualizarla aparece una lampara la cual asumes como parte de la recamara pero que no detallaste mentalmente).

    Otro tipo de sueños es cuando me pasa algo asi cabron y me digo: esto debe ser un jodido sueño. Alguna vez soñe que iba manejando con mis hijos, estaba lloviendo y al llegar a una curva me salgo de la carretera y se voltea el carro, salgo del carro y lo primero que pienso, esto es un jodido sueño y antes de siquiera ver a mis hijos busco/creo a alguien para preguntarle algo que me pueda dar un indicio de que estoy soñando. Le pregunto cosas y me contesta como si NO fuera un sueño sin embargo luego me pregunto como es que la persona no estaba impactada por el accidente, acto seguido desimagino a mis hijos y busco a alguien para voltear el carro. Despues sigo soñando normalmente. Aun asi, como tip (cosa que se me olvido en este sueño del accidente) para despertar lo unico que hay que hacer es aguantar la respiracion hasta ahogarse -obviamente uno no puede suicidarse por aguantar la respiracion- pero si te despierta (creo es algo que sueñan inconscientemente los asmaticos cuando tienen un episodio mientras duermen y luego despiertan).

  2. Muy interesante Bort! Esa ultima idea quiza sea la base de la intuición, que se refleja en Inception (por ejemplo) de que uno no muere en lo sueños; sino que despierta.

    Justamente hoy en la mañana me pasó algo parecido. Estaba soñando algo muy feo (creo que soñaba que mis papás y hermanos tenían un accidente en auto, no recuerdo muy bien) y tenía sentimientos de tristeza, etcétera. Entonces me dije, en el sueño: “un momento: ya sabes que estás soñando. intenta transformar las cosas!” y lo intenté, pero como que la tristeza y esos sentimientos me “detenían”! como si fueran una fuerza que me impidiera cambiar el sueño. (Supongo que es uno de esos casos en los que los sentimientos muy fuertes te bloquean la imaginación, como cuando estás deprimido y no puedes imaginarte el día de mañana sin muchas consecuencias negativas). En fin, después de intentarlo con muchas fuerzas lo único que logré fue que se acabara mi sueño, jaja.

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