Hoy un amigo se sentía feliz y, mientras fumábamos juntos, me dice: “Siento como si ahora todos estuviéramos en una buena época”. La verdad es que yo también me sentía feliz cuando lo dijo. (Montaña rusa emocional con dos patas). En este mismo momento me siento como si estuviera en una buena época (sí, dije: MONTAÑA RUSA EMOCIONAL CON DOS PATAS). No entiendo bien. Creo que es resultado de las circunstancias contingentes de este día. (Bueno, como siempre). Pero hoy leí debidamente (no como desquiciado, eso sí, pero sí un poco decentemente) y comprendí dos o tres cosas. Incluso pude hacer un proyecto de trabajo final, que ya es algo. Trata sobre la filosofía del espacio de Carnap, un tema divertido y nerd y esas cosas que me gustan cuando estoy de buen humor. Una idea que recorre a la filosofía del espacio de Carnap en los tres textos que voy a ver en el trabajo es la siguiente: tenemos tres conceptos de espacio, a saber: formal, intuitivo y físico. El espacio formal es el espacio puramente matemático, que puede caracterizarse de manera puramente estructural en geometría y topología. El espacio intuitivo es el espacio que se nos presenta en la percepción del mundo externo, y que Kant trató de caracterizar con la intuición pura del espacio (por supuesto, el problema de Kant es haberle dado a esa intuición pura una forma necesariamente euclidiana). Luego está el espacio físico, el espacio de los objetos fisicos. Una idea recurrente en Carnap es la idea de que el espacio físico se nos presenta con una estructura topológica invariante, pero que para conocerlo es necesario establecer sobre ella una métrica, de manera arbitraria y sólo constreñidos por la utilidad y la simplicidad. Según yo, esas ideas son las que comparten los tres textos de Carnap que voy a estudiar: su tesis doctoral, donde todavía acepta tesis kantianas a través de Husserl, un artículo en el que afirma que nuestra experiencia es de hecho bidimensional (aunque hace no mucho leí en algún librillo de fisiología que parece que nuestra experiencia se presenta siempre tridimensionalmente), y un libro donde presenta su proyecto más ambicioso: caracterizar a la ciencia en su totalidad como un sistema de descripciones puramente estructurales (o de lógica formal). Y en fin. Creo que perdí el punto. El punto era: güey, en este mismo momento (2 y media AM, de la madrugada del martes), me siento bien y no quiero pensar en que quizá mañana sea una mierda. El otro día vi un cartel del Alicia, creo, con el siguiente nombre de una banda: Quizá no amanezca. Sí, pta, quizá no amanezca. Así que está bien que en este momento no me preocupe porque no comprendo suficiente teoría de modelos, o suficiente topología, o suficiente a Kant, o suficiente a van Inwagen. No soy un genio y por lo menos en esta época de mi vida no tengo ningunas ganas de leer filosofía y lógica 8 horas seguidas (y quiero decir, seguidas: nomás puedes interrumpirlas para ir al baño y comer rápido). Quizá no amanezca. Quizá mañana no esté estudiando metafísica en la universidad número 1 del ranking gabacho. Quizá dedique mi vida a dar clase a preparatorianos aburridos y conducir un Tsuru ‘93. Pero quizá no amanezca. Quizá no haga trabajos finales. En este momento me siento bien con todo ello. Es una gran sensación mientras tecleo: saber que puedes ir a dormir un día en paz. Esperas el amanecer con ansia pero sabes que tendrás mucho sueño para verlo. Quizá eso: que tenga mucho sueño para ver el amanecer.