Llega un ex-compañero que ahora estudia en Estados Unidos. El tipo puede estar en el gabacho porque, mientras estaba en México, no solía hacerse pendejo y leía 8 horas diarias. Parece que ahora vive feliz (aunque ahora lea 10 horas diarias, supongo), sabe mucho, filosofa bastante, tiene una novia bonita e inteligente, espectativas de trabajo decente (haces lo que te gusta y te pagan lo suficiente para vivir decentemente) y escribe buenos artículos. Es decir, la cosa está bien. Pensaba eso y en cómo hace no mucho comencé a preguntarme qué valía más: ¿el mundo o la dedicación a la filosofía? Uno no hace filosofía si se dedica a medias. Hay mucho por leer, por pensar, por escribir, por conocer. Tienes que ser un obseso desquiciado que sólo piense y lea. Ayer escribí que no estaba seguro de poder seguir. A veces me pasa eso: siento que no tengo fuerzas y tampoco ganas de hacer lo que quizá estaría mejor para mí. A veces me dejo llevar en los ríos de mierda –como si no tuviera fuerzas ni para resistir. Pero luego llega algo que me hace repensarlo. En este momento no estoy seguro de lo que quiero ni sé bien qué es lo que prefiero ni qué es lo que sería mejor para mí. Mi problema es que no suelo resistir cuando se trata de coerción. Me molesta sentirme limitado, encerrado, dominado. Sólo yo a veces decido imponerme deberes y aguantar lo más posible. Ahora no sé qué pasará. Quizá de verdad deba pensarlo bien e intentar dedicarme a una sola cosa, con la esperanza de que lo que ahora decido dejar pasar, lo tendré de mejor manera en algún momento futuro. (Eso: la esperanza de que ahora te dices que no, porque en el futuro llegará algo mejor, como resultado de tu espera presente. Hacer una apuesta pascaliana. Y saber que también puede pasar que no sirva de mucho, aunque tú diste bastante).

Tengo esta cita de Cioran, que me persigue desde hace mucho y que recuerdo en momentos específicos: “La historia de la filosofía es la historia del rencor de los solitarios”.

(Comentario al pie: ya me parece entre gracioso y horripilante darte cuenta de que te encuentras en la típica reunión de filósofos: ha pasado la hora de bailar (si alguna vez la hubo) y de la plática generalizada; así que se forman grupos aquí y allá, y la gente platica (la tendencia es que lo hagan borrach@s y/o pachec@s) sobre filosofía: “no, de verdad, Grice tiene un punto muy choncho…”; “I mean, if physics is committed to the symmetry of past and future…”; “mi idea es que hay escepticismos que no están motivados…”. Te alejas al baño y te das cuenta, desde lejos, de que eso se ha convertido en una masa informe de voces y gesticulaciones. Entonces das otro trago y prendes otro cigarro).

Y tengo esta otra cita: “Ya estoy harto de ponerme la etiqueta de joven y denso intelectual al que las relaciones sociales le valen madre (digo, hasta el Spiderman de la nueva serie dice que le gustaría ir a fiestas), porque los procesos identitarios (no tiene nada qué ver, pero me encanta eso de LOS PROCESOS IDENTITARIOS), quiero decir, eh… los resultados de una perfomatividad identitaria así construida no me halagan.”

Otra vez, otra vez, otra vez. Me siento harto y desgastado y quisiera estar en una situación completamente diferente. Me imagino así: tengo 40 y tantos años, estoy algo canoso pero con el pelo todavía algo largo, la piel muy dorada y he desarrollado naturalmente los músculos. Vivo en alguna ciudad o algún pueblito costero y hago algún trabajo costero (la imagen más recurrente es yo partiendo un coco con un machete sobre la arena, pero bueno…). Vivo en una cabaña costera y suelo andar de shorts, playera deportiva y descalzo. En mi casa tengo una biblioteca decente y leo lo que quiero siempre que quiero. Vivo con la mujer que quiero y, antes de dormir, tengo la rara sensación de sentirme bien y de no necesitar nada más. Se han ido casi por completo: la angustia, el miedo, el sentimiento de no pertenecer –el sentimiento de ser un agente raro en un medio que no he elegido, que no puedo cambiar y en el que no deseo participar. A veces me subo en una lancha y me tiendo en medio del mar a fantasear sobre lo que pudo haber sido y a recordar lo que dejé atrás, pero nunca me pregunto sobre el futuro y nada de ello me pone mal. Sé, en fin, que he huido y que ahora ya no necesito ni quiero ir a otro lado. La vida es sencilla. Soy feliz.

Y tengo trabajos finales. Y un proyecto de tesis por comenzar seriamente. Y una vida que no comprendo y que a veces no soporto. Y la sensación de tener que usar fuerzas que no sé de dónde obtener.

9 comentarios

  1. Siempre van a haber tiburones que lleguen a las cinco en punto. ¿Y luego? Y luego.

  2. Los girasoles nacen antes que la sobriedad de la montaña.

    (Eso quiere decir: …Eh???)

  3. … Pensaba eso y en cómo hace no mucho comencé a preguntarme qué valía más: ¿el mundo o la dedicación a la filosofía?…

    … En este momento no estoy seguro de lo que quiero ni sé bien qué es lo que prefiero ni qué es lo que sería mejor para mí…

    … Quizá de verdad deba pensarlo bien e intentar dedicarme a una sola cosa, con la esperanza de que lo que ahora decido dejar pasar, lo tendré de mejor manera en algún momento futuro…

    Esos eran los “tiburones” que siempre rondan a los que me refería. A la mejor fue muy bruto haberlo dicho de esa manera. O no lo hice bien. Bueno, total, espero haber aclarado el comentario.

    Saludos.

  4. OK, comienzo a entender… pero por qué a las 5 en punto? o eso es irrelevante para la metáfora? Es que puedo ser muy idiota para cosas muy simples!!! O la metáfora no es simple??

    Bueno, comienzo a perder la cabeza…

    Hmm.

    jajaja “bruto”… voy a comenzar a esar esa palabra

    (Salutsss)

  5. “esar”… “usar”… brutoïd

  6. Jajajajajaja. Ya, ay…

    García Márquez. Relato de un náufrago. Los tiburones merodeaban la balsa del náufrago siempre a las cinco de la tarde…
    No me gustó para nada el libro, o me aburrió, o ya no me acuerdo. El caso es que cuando leí tu entrada pensé en tiburones.

    Más saludos, brutoïd.

  7. Ta cabrón, chavo. Ta muy cabrón. ¿Nunca, aparte, has pensado que no tienes lo que se requiere? Osea, aun hechandole todos los huevos (suponiendo que se encuentra la poción magia de la autodisciplina).

    No se, ya me ondeaste feo. Debe ser la generación, o la edad, o el plomo en el agua, pero encuentro que mucha gente nos sentimos así. Uno si pregunta si el motivo que ha escogido en la vida es verdadero para uno mismo, en el sentido de la capacidad que tendríamos para abordarlo.

  8. Ptts. Claro que siempre me pasa eso de dudar que tengo lo necesario. Güey para la mayor parte de las cosas chidas uno tiene que ser un superdotado si quiere destacar o por lo menos sacar para los cigarros. Pero imagina que cambias de motivo en la vida (si-jajajaja-como-no, orita comienzo a estudiar derecho o a trabajar en una oficina). Seguramente siempre habra pedos. Igual uno dice que el pedo esta con el mundo pero mas bien el del pedo es uno. O eso supongo, porque tengo pedos… o al menos uno.

    Esta buena la cita de Gaby Marcs. (“Gaby” para un hombre es putisimo). Yo espero que minimo me lleguen unas anchoas. Entonces haria pizza de anchoas… jajajajajaja que chingon.
    Sí.

  9. hay que entrarle al cecati a los cursos de mecánica, cabron, ahí está el futuro..

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