¿Qué entiende uno? ¿Por qué ha de entender? Ayer me encontré con una cita en un libro de Milosz que no había subrayado. La idea es la siguiente: a final de cuentas ¿por qué querer comprender? La comprensión es una espera que dejamos para pasado mañana, algo que siempre creemos que está al llegar. Y uno lee y piensa y observa y razona, y está al llegar, pero en el segundo más inesperado se derrumba: vivimos, incomprensiblemente. Vivimos, instintivamente. La Razón quiere apoderarse, pero vivimos instintivamente y tenemos que caminar, dejar pasar, vivir sin razón. Pienso: creer que se comprende le da a uno como fuerzas, como muletas para moverse. (Uno nace con fuerzas o sin ellas; uno necesita muletas y otros no). Temes lo que ha de llegar. Comprender te ayuda a enfrentarlo, o eso crees. Obsesivo: crees en el poder completo del pensamiento. Finalmente, el pensamiento es apenas nada. Falla para las cosas realmente importantes, para las guías que queremos poner en la vida (lo lees en Kant y Carnap: el pensamiento sólo funciona, quizá, para el mundo inanimado. La vida humana –en ese sentido especial que solemos dar a ‘vida’– queda fuera del uso totalitario y concluyente de la Razón). Sí. Entonces piensas esto, devastadoramente: como si lo mejor –lo único– que puedes hacer fuera inútil en contra de lo que más temes. Me llega la siguiente sensación: un sentimiento de monumentalidad, algo enorme que sé que no podré enfrentar. Me da miedo pensarlo. Me da miedo pensar que no podré soportarlo. Que en algún momento tenga que desistir y vivir de la peor manera, siempre pensando en el fallo ineluctable y definitivo.
Ayer sentí esto: el miedo de lo que yo mismo pienso.