Si entiendo bien, la idea es la siguiente: como poner enmedio un tren enorme de recuerdos irrelevantes para esconder el núcleo traumático, algo que no puede simbolizarse. Pienso: escribo el blog tratando de buscarme, pero al mismo tiempo tratando de ocultarme.
Hace poco volví a encontrar algo que había escrito en un cuaderno de la escuela. Hablaba de cómo me sorprendía el que hoy todavía se pudiera hablar de, y pensar el amor. Recuerdo que una vez leí algo que mi abuelo escribió: se llamaba algo como “El amor en la época del TLC”. Pensé algo así. Cómo ahora, después de tanta mierda, tanta mercancía, tanto psicoanálisis y neuroquímica, uno pueda seguir creyendo en Romeo y Julieta, en Ovidio, en Platón, en el Cyrano. Creo que cuando escribí el textito eso me emocionó, y pensaba que quizá ese impulso hacia el amor duraría siempre, hasta el fin de la humanidad. Ahora escucho algo de Joaquín Sabina (que no me gusta nada, pero tiene esta línea): “amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño”. Eso me atemoriza. Que lo mejor del ser humano no sea más que reflejos ciegos de algo que no puede controlar pero que no es de ninguna manera bueno. Que lo mejor del ser humano sea una ilusión. Como suele pasar con todo lo demás.
Sigo pensando en la locura. ¿Cuántas certezas que uno sostiene con toda el alma son, en realidad, algo que expresado apropiadamente sería prueba firme de locura? O imágenes, o pensamientos momentáneos, o comportamientos. Quizá realmente me preocupa ceder a la locura. ¿Se cede a la locura, o simplemente se la adquiere sin voluntad? ¿Cómo sabe uno que ya está loco?
Pensar esto: lo que une a dos cuerpos son sus propias locuras. Después –o más allá– de eso, ya no sé, ya no recuerdo qué sigue.
Sí: nunca comprender, comenzar a caminar a ciegas y a sabiendas de que se sabe casi nada. Tantear caminos esperando poder salir. O estar en otro lugar. (Extraños bichos buscando paz. Extraños bichos buscando algo que es ellos mismos y es otra cosa: algo imposible).
(Quizá sólo haya más locura).
Me encuentro con un post viejo y divertido (en mi propio blog!). Me gusta porque hace poco más de un año decía esto:
Ya estoy harto de ponerme la etiqueta de joven y denso intelectual al que las relaciones sociales le valen madre (digo, hasta el Spiderman de la nueva serie dice que le gustaría ir a fiestas), porque los procesos identitarios (no tiene nada qué ver, pero me encanta eso de LOS PROCESOS IDENTITARIOS), quiero decir, eh… los resultados de una perfomatividad identitaria así construida no me halagan. Claro que tampoco me halaga la perspectiva de ser un chico que sólo piensa en alcohol y vaginas y discos de Interpol. La verdad es que ninguna perspectiva me halaga, porque me es imposible vivir de cualquier manera. Todo era mejor cuando mi edad era un número n tal que n es mayor o igual a 12 y menor o igual a 19: entonces podía decir que era un adolescente en busca de su verdadero yo. Ahora sólo me queda estar un poco angustiado y no saber si quiero beber cerveza mientras platico banalidades, o presumir que estuve en la biblioteca hasta que cerraron leyendo a un pesado teórico de los resultados de la perfomatividad identitaria en la socioconstrucción de la década de los ‘70. Por supuesto que también podría ir a casa a ver la tele. Pero, como dije, me es imposible vivir de cualquier manera. Y ya estoy harto de tener que elegir ciertos PROCESOS IDENTITARIOS (cada vez va perdiendo su gracia…) para individuarme y así hacer ver que soy una personita especial. Ya ni siquiera quiero ser una personita especial, pero no se me ocurre ningún PROCESO IDENTITARIO PARA EJECUTAR EL PERFORMATIVO DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN YO que no resulte en tales MARCAS BIEN DEFINIDAS DE INDIVIDUACIÓN. Sería mucho más fácil si yo no fuera un joven y denso intelectual que se preocupa por lo de los procesos identitarios, pero así pasa: elegí mi camino cuando dije “No mames, eso suena bien pinche loco” y me puse a leer el libro. Ahora paso mis noches deconstruyendo mis procesos identitarios de performatividad inmanente en sus condiciones trascendentales. Y los muchachos de la escuela me ven feo cuando digo cosas así, porque creen que lo hago para parecer interesante. La verdad es que no: lo digo porque me parece muy cagado, pero luego pienso que nadie nace sabiendo nada sobre la deconstrucción de procesos identitarios de performatividad inmanente en sus condiciones trascendentales, que yo lo acabo de leer, y que nadie tiene por qué emocionarse leyendo esa mierda. Así que mis posibilidades de hacer chistes se ven tremedamente reducidas, y tengo que empezar con lo de que las vaginas y los penes. Pene, vagina, ja ja ja. Cola, pedo, ja ja ja. (También me caga cuando no puedo evitar molestarme con el estatus intelectual cavernario del veinteañero promedio al intentar entablar comunicación con sus congéneres). Soy un muchacho complicado. Me gustaría poder convertirme al catolicismo y que, así, todas mis penas acabaran (pues, como todo mundo sabe, sigo buscando la ley que el darme-cuenta de la ficcionalidad del gran Otro me ha robado). Aunque creo que mi única salida es seguir pensando que Lisa Simpson es mi modelo a seguir. (Aunque sea bastante incómodo)
Me dio risa porque por sí mismo es cagado, por la siguiente frase: “Pero, como dije, me es imposible vivir de cualquier manera”, y porque ahora mismo soy un poco eso que me angustiaba ser. El post es digno de verse. Creo que ahí, de nuevo, vuelvo sobre mis pasos de lo que ahora sé que es una onda de carácter (o como carajo se llamen estas cosas de psicoanálisis) obsesivo: que haces planes detallados, fallas, te gusta fallar, y te gusta contar que fallas. La idea es que uno reprime su goce con ello. Está bien ir comprendiendo cosas como esas. Quizá en un año comience a no-fallar. O mínimo a no contar que fallo. (Pts, estaría bien, sobre todo por la onda de la dignidad, la privacidad, y que quizá falta poco para que recopilen mis posts en una antología llamada Neurosis goes blogging: The case of anonymous cases in internet of suicidal and mad people who believe them to be a reincarnation of Mathusalem that flies an UFO and goes visiting Krishna in a yet-unknown planet between Mars and what formerly was thought to be the ‘planet’ Pluto but know is no more than a uninteresting rock that smells terribly and things like that. El Otro vigila…)
Muchas de las cosas a las que llamamos “amor” son ilusiones que funcionan como un sucedáneo de lo que es en verdad el amor. bueno , eso dice Fromm.