Kant: “La verdadera moralidad de nuestros actos (mérito y culpa), incluso la de nuestra conducta, permanece, pues, oculta para nosotros. Nuestras imputaciones sólo pueden referirse al carácter empírico. Cuál sea en este carácter la parte que pueda considerarse como puro efecto de la libertad y cuál la debida a la simple naturaleza y al defecto, no culpable, de temperamento o a la afortunada condición de éste (merito fortunae) es algo que nadie puede averiguar. En consecuencia, nadie puede tampoco juzgar con plena justicia” (Crítica de la razón pura: “Explicación de la idea cosmológica de libertad en su relación con la universal necesidad de la naturaleza”)

Me molestan las órdenes. Me molestan los sistemas hechos para funcionar mediante órdenes e imposición de poder. Me molesta dar órdenes porque me molesta actuar con gente que no puede decidir por sí misma. No me molesta, en cambio, ayudar (o no me molesta generalmente). Mi concepto de ayuda es algo que supone brindar algo que otra persona no puede obtener solitariamente. La diferencia puede verse como la diferencia entre alguien que reza para resolver su vida (’Haz que me gane la lotería’) y alguien que reza para obtener ayuda (’Ayúdame a conseguir trabajo’). Me molesta que las personas no puedan pensar de manera autónoma y lo considero, casi siempre, como un caso de debilidad que yo no puedo soportar. Yo mismo no puedo soportar que me sea impuesto algo. No soportaría dos minutos de ejército o tiranía. Mi ideal es ilustrado, es el Sapere aude! de Kant. (Link: las otras veintemil veces que he hablado de esto aquí).

También me molesta la impostura. Comienzo a hervir cuando alguien quiere tomarme el pelo.

Argumento para probar que la felicidad es moralmente mala:
(1) Nos gusta recordar los hechos que nos han hecho felices anteriormente.
(2) Para toda sensación s, de un determinado nivel de intensidad n, el recuerdo de s tiene un nivel de intensidad menor a n.
(3) Por tanto, el recuerdo de la felicidad nos hace menos felices que la felicidad misma que se recuerda.
(4) Aquéllo que no nos deja indiferentes, o nos hace felices o nos hace infelices.
(5) El recuerdo de la felicidad no nos deja indiferentes.
(6) Por tanto, el recuerda de la felicidad o nos hace felices o nos hace infelices.
(7) El deseo de felicidad, cuano no es satisfecho, nos hace infelices.
(8 ) Deseamos ser felices al recordar un hecho feliz; y con la misma intensidad con que vivimos la felicidad en tal hecho.
(9) Por (3), el deseo de felicidad con una cierta intensidad no es satisfecha al recordar; y por ello el deseo de la felicidad tampoco.
(10) Por tanto, el recuerdo de la felicidad nos hace infelices.
(11) Todo aquéllo que nos hace infelices sin una razón buena es malo.
(12) El recordar la felicidad no es una razón buena para la infelicidad que produce.
(13) Por lo tanto, el recordar la felicidad es malo.
(14) Todo aquéllo que causa un mal es malo.
(15) Entre otras cosas, aquéllo que causa el recuerdo de la felicidad es un hecho que nos hizo felices.
(Conclusión) Luego, lo que nos hace felices es malo.
El argumento es poco más que un juego porque, aunque es formalmente válido, creo que casi todas sus premisas pueden negarse. Pero a veces uno se encuentra de tal manera que tiene ganas de pensar que todo lo bueno es malo y que tiene razones para creer en ello. Como si pudiera convencerse de que otra cosa es cierta, y uno juega con la razón. Nunca es suficiente. Uno está convencido de muchas cosas, tan difíciles de negar que tendría que convertirse en otra persona para hacerlo. (Y pasa: uno llega a ser alguien radicalmente diferente del que había sido. Aunque, en esencia, uno siga siendo el mismo de siempre).

En cambio, me gustan un chingo las historias de amor emocionantes. Estoy pensando en una imagen como de película pero que vi hace unas horas. Están mi amigo y mi amiga. Ella espera el autobús y él se va conmigo. Luego él decide regresar. Lo acompaño y lo veo subir al autobús y veo a mi amiga verlo con una mirada de-esas-de-película-bonita, y yo me siento como en una película. Jaja. Es bonito. (No sé si lo que pasó después fue bueno o malo o no pasó nada en absoluto. Supongamos que fue muy bueno para que sea una película con final feliz, mis favoritas).

La ley de la física de los cuerpos macroscópicos que tiene mayor carga moral: que un cuerpo no pueda estar en más de un lugar a la vez.

El gran descubrimiento de la filosofía del siglo XX: que –nomames– existen otras culturas. Ello, según un gran bonche de los profes de mi facultad, implica que casi todos antes que –por lo menos– el Heidegger tardío están equivocados. (Por ejemplo: un tailandés tiene una forma pura de la intuición espacial según la geometría euclidiana; un habitante de Coyoacán tendrá una con estructura riemanniana). (Otro ejemplo: el imperativo categórico falla porque en África del sur se comen a los cadáveres de sus antepasados, mientras que nosotros sólo comemos pizza de pepperoni).

Todas las cosas que me gustan (TODAS, TODAS) me gustan porque en algún momento me dijeron algo que me pareció soprendente, misterioso y emocionante, y que muchas veces no puedo entender a cabalidad (bueno, no sólo por eso. Sólo es una condición necesaria, pero creo que no suficiente). Me gusta eso: lo que es sorprendente y misterioso. Me apasiona aprender cosas porque siempre tengo esa ansia: la de cruzar las puertas que me llaman por su misterio y su promesa de emoción. Escucho: Luomo, Tessio: “It’s just that the world / ain’t enough / and it never was for the two of us…”. Que el mundo nunca sea suficiente. No comprendo. (Tampoco pensé jamás que Luomo tuviera videos. Qué bueno que tuve la idea de escribir esto (El vídeo es típico video de houseros avant garde que visten de diseñador: jóvenes, bellos y ricos)).

Dido, Life for rent: “I haven’t really ever found a place that I call home. I never stick around quite long enough to make it… But if my life is for rent and I don’t learn to buy, well I deserve nothing more than I get. ‘Cos nothing I have is truly mine… I’ve always thought that I would love to live by the sea, to travel the world alone and live my life more simply. I have no idea what’s happened to that dream, ‘cos there’s really nothing left here to stop me… While my heart is a shield and I won’t let it down, while I am so afraid to fail so I won’t even try: well, how can I say I’m alive?” (Viva mi afición kitsch de pegar las letras de canciones que me gustan!!).

El video de Dido es tremendo y me recuerda una escena de Soylent Green, cuando pasan el video de las maravillas de nuestro mundo (las flores, el pasto, los cervatillos) a alguien que paga por la eutanasia. Suena la sexta de Beethoven. Es sorprendente pensar eso: que el paraíso esté aquí. Que haya tantas cosas, pero que sea uno el que no se atreve a extender la mano y tomarlas. Que los mayores placeres estén en lo más mínimo. Que, según dicen los libros de historia, los antiguos hayan valorado más las flores que el oro.

Y bueno… :D

6 Responses

  1. Ja, me recuerdas al Sócrates de Platón, pero menos robótico :P .

    Aunque ese güey me molesta, con sus conclusiones sacadas de la manga (no siempre, a veces nomás, según recuerdo).

  2. Un primo mío me contó anteayer por qué le gustaba trabajar con indígenas asesorándoles en la realización de proyectos comunales. Decía que es más fácil trabajar con ellos porque su organización es de una jerarquía muy vertical: el cacique y su hijo son los únicos letrados y con autoridad en el pueblo; el resto obedece sin chistar. Así se pueden hacer las cosas. En cambio con los campesinos, más amestizados, es más jodido trabajar porque con ellos cuesta mucho más alcanzar un consenso. Con democracia, decía, no se puede hacer las cosas aquí, porque ésta conlleva a una pugna de poderes en donde no se llega a ninguna parte. En un proyecto colectivo, aunque no se llegue a una relación de mando con semejante brecha, irremediablemente va a haber alguien que tome la iniciativa o que tenga la última palabra en las reglas del juego. Si no no se llega a nada, no se cambia nada, particularmente en pueblos en donde nunca ha habido una cultura de consenso. Y si vemos el desarrollo de las sociedades, la organización, la homogeneización, el establecimiento de estándares y normas (mediante la espada) ha sido común en las civilizaciones.

  3. Quark: pues sí. es más fácil trabajar con cabezas homogeneizadas que con alfas y librepensadores en cada esquina. y es más fácil trabajar con estructuras verticales que con estructuras horizontales, que implican mayor trabajo de consenso.
    (uno lo puede ver siempre que hay una asamblea de izquierdas: tanto diálogo, tantas mociones, tantos en la lista de participación, acaban logrando que las sesiones se alarguen durante horas y horas y horas. querer que todos expresen sus puntos y objeciones termina en que la cosa nunca acaba).
    pero bueno, nadie dijo que lo bonito sería fácil…

    Aldo: jajaja. segun yo, muchos argumentos de platon estan pegadores. de hecho fue su efectividad lo que primero me empezo a hacer que me interesara en las aplicaciones filosoficas de la logica. tsss.

  4. Los acuerdos serían favorecidos cuando entre los contertulios haya coincidencias en los objetivos, metas, en los valores, en las habilidades cognitivas, en intereses, ya sean estos mezquinos o no, en muchas cosas. En el caso extremo de que en una asamblea tengas librepensadores en cada esquina, si hay mucho debate, no diría que es como si no llegaran a ningún lado, a menos de que te encuentres con ideologías y representaciones sumamente heterogéneas (y si son irreconciliables eso más bien daría lugar a una secesión), más bien ahí la discusión hasta podría ser constructiva, interesante, que resulte en un incremento de calidad en lo que se quiere lograr. Aquí eso no se da, no realmente, porque aunque se plantean muchos asuntos, no por mucho debatirse estos, aun entre miembros de la misma izquierda latinoamericana patética (que en realidad comulgan con el mismo caudillo), significa que se va a llegar a sentar propuestas claras y buenas de las cosas. Como yo lo veo, no va a terminar en algo bueno, pero sí en algo bonito, eso sí, bonito desde el lirismo de la pluma, porque en realidad el resultado va a ser una postergación de la barbarie (güink ¡Kkk!).

  5. Ah, sí, están buenos muchas veces. Nomás que hubo en unas pocas ocasiones que me irrité porque como que más bien embaucaba (o eso me pareció en el momento) a los otros para probar su punto. Voy a releerlo, a ver qué onda.

  6. Aquí también pasa eso, que las izquierdas (desde las más radicales hasta las más institucionalizadas) pocas veces llegan a un acuerdo, incluso dentro de grupos más o menos afines (e.g. del mismo partido). Están de acuerdo en cosas muy generales y casi directamente implicadas por lo que significa ’ser de izquierdas’, pero las cosas más elaboradas pueden debatirse o renegarse por años. Después de pensarlo dos minutos, ni siquiera estoy seguro si el problema esté con el concepto mismo de izquierda política (que supone cosas como apertura, diálogo, discusión, etc. etc.) o con nuestra izquierda (análoga pregunta a la que sigue: ¿el problema con la política está en la política misma o en nuestros políticos?)
    En realidad, que uno ‘comparta posición política’ con otro es algo tan vago que implica muy pocas cosas. Quizá ello sí sea, en parte al menos, culpable de que no se puedan tener marcos comunes para la discusión seria y racional en lo que toca a los objetivos y planes de acción, principalmente.
    No estoy seguro, eso sí, de que esa onda sea buena o mala. Sólo sé que es difícil, desgastante, y que quita mucho tiempo.

    Aldo: la verdad sí, che Platón luego si hace muchas trampas bien chacas. Dos tres veces si me quedé asi de ‘¿o sea que que??’ porque hacía trampas enormes para probar su punto. Pero pss bueno, otras veces si tenía argumentos chonchos. Según yo :P

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