1
Hoy tuve un sueño entre alegre y melancólico. Sueño de lo imposible, de lo extraño, de lo más extranjero a mi mundo. Desperté y todavía estaba oscuro. Amanecería en pocos minutos. Sentía unas ganas terribles de abrazar a alguien y, al mismo tiempo, de ser abrazado. Hay momentos en que uno no sabe si sentirse triste, o alegre, o en ningún lugar. Eso: en ningún lugar. Sólo esperar que las cosas sucedan, con la mínima interferencia de la voluntad propia.
2
Mi necesidad, mi necedad de encontrar vínculos no contingentes con personas en éste mundo. Un ansia metafísica o, peor, mística. Es el miedo a morir: a que, al final de todo, no quede nada. (“–This is it. It’s going to be gone soon. –I know. –What do we do? –Enjoy it”). En el fondo, quizás soy un nihilista: busco vínculos que perduren sin contingencia. Vínculos imposibles.
3
Una vaga sensación, de esas difíciles de conceptualizar: grandes paredes que llegan hasta muy alto. Casi como estar en una caverna. Darse cuenta que uno es demasiado pequeño. No es miedo. Es como si fuera un eco que llega hasta muy lejos.
4
La incertidumbre sin razón, inexplicable, sin bordes delimitados. Pero inevitable.
5
“Acertar en llegar”.