Sinceridad I

1)
Seamos sinceros: no hay nada mejor que comer con los dedos, pero, como también es cierto, un platillo exquisito no desvanece ante aquél hecho. Metáfora, sí. Barata, tal vez. Lirismo bárbaro.

2)
Citar a Cioran: Sólo cultiva el aforismo quien conoce el miedo en las palabras.

3)
Voy a decirlo de una vez: no soy, no quiero, no pretendo ser intelectual. No me importa serlo. Cuando hablo de libros, hablo de libros cada vez que siento que debo conservarlos en algo. Me repito una frase cuando me ha conmovido. Mis libros favoritos son en los que me veo más claramente. No pretendo ser intelectual porque leo en una semana lo que aquél en un día, porque no he ni empezado la Universidad y porque no puedo hablar a fondo de ningún tema. No odio al intelectual como abstracción -eso lo reservo al antiintelectual, idiota y falso por definición-, sino cuando se mete al charco de suciedad. No hay cultura sin pensamiento, sin creación. Hablo de libros porque me entretienen más que la tele. Fin del tema.

4)
El lenguaje no lo ha dado Dios, el lenguaje es del Diablo. No soy, tampoco, alguien que crea necesario destruirlo. Más bien al revés.

5)
Barbarie: el otro es bárbaro porque no ajusta en mi modelo:

6)
El sofista, el nihilista, el que tira mierda, sólo concibe la fama del escupitajo. No lo mesianizo. El nihilista muere por su propio pie, llevándose de paso unos cuantos mancebos que lo merecían. ¿Qué se critica del llorica? Uno: vivir a costa de los demás, ser microbio. No vale cerrar los ojos. No vale no ver el mundo. No estoy ironizando: de verdad no vale cegarse ante lo que está más allá de la íntima tristeza. El que se llora se cree centro del universo: no hay tristeza posible más que la mía. El dolor es yo. Nadie importa, sólo yo. Dos: sufre, pero no quiere terminar de hacerlo. Le duele cada segundo, teme ante la inminencia de la muerte. Es contradictorio, miedoso, un rufián. Tres: su carencia de ideas. Cuatro: sus ánimos estáticos. No hacer nada por salir del atolladero. Quejarse del dolor de las espinas, pero permanecer sentado sobre el cactus. Podría llamársele pereza. Infantilidad. Responsabilidad: la vida es una responsabilidad que debe asumirse.

7)
Dejar de creer implica la conciencia del vacío que subyace bajo todo discurso. De ésta idea derivan Uno y Tres. La creación, la idea, es atemorizante para el nihilista. Encuentra en ésto una alineación con lo pasajero y la sinrazón. La responsabilidad está en derrumbar la cultura.

8)
Destruir la cultura: Alec Empire gritando Destroy to set the anti-culture! Destroy! Destroy! y embolzándose un gran cheque.

9)
Encontrar el vacío del discurso es sólo el pretexto para mostrarlo y, mejor aún, superarlo. Quedarse en la nada es el triunfo del Quizá al que tanto se teme. No hay sentido en la acción -todo será derrumbado-, pero, al menos, justifica una existencia. La pasividad la condena.

10)

La esperanza: una mentira. Seamos sinceros: no hay esperanza para la humanidad. No me pongo solemne ni falsamente visionario. La esperanza es una mentira desmentida por la acción. La acción no se justifica en ella, se justifica en el instante mismo. La única salvación posible es una mentira. Se cree en mentiras. Al final, todo será una mentira. La gran mentira es No hay final. Y puede no haberlo.

One Response

  1. bien, bien… sinceridad, algo complicado cuando escribes en un blog.

    =) saludos.

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